DE PIZARRONLos entrenadores que se corren de la escena Era uno de esos jugadores, como se decía antes, de fina estampa. Talentoso. Ejecutor de la inteligencia aplicada. Surgido de River en la época en que el Beto Alonso, dueño plenipotenciario de la 10, era una barrera infranqueable para cualquier competidor, supo mostrarse hasta donde pudo en Núñez. Varios años después llegó a Estudiantes, cuando el recordado mediocampo que integraba se podía recitar de memoria: Trobbiani, Miguel Angel Russo, Ponce, Sabella... Alejandro Sabella. Campeón en el 82 y el 83 con el equipo de La Plata. Hoy, técnico del plantel que mejor ha representado al fútbol argentino en la Libertadores. Estudiantes es finalista. Como en el ciclo copero histórico que fue del 68 al 71. Como no consiguió serlo en los ochenta con aquella formación que tenía en Sabella a un superlativo referente.
A los entrenadores como él en algún tiempo se los consideraba "silenciosos": perfil bajo, nada de estridencias, todo de tarea cotidiana y persistente. El miércoles, Estudiantes ganó en el Centenario sin Juan Sebastián Verón, su estrella por si hace falta aclararlo. A pura personalidad. Afrontando la parada como sugiere esta clase de compromiso: firmeza, oportunismo y temple. Mérito del equipo. Mérito de Sabella, el hombre que reconstruyó ese equipo.
Sabella no rompió el molde, pero corporiza un molde. Es de los DT que saben que primero están los jugadores. Y que si el dictamen del exitismo -que en otros momentos puede condenarlos- los coloca en un pedestal, no será porque ellos lo busquen. Para él, seguramente, Estudiantes es el equipo que dirige, no "el equipo de Sabella".
El fútbol está plagado de técnicos con ínfulas de grandes personajes. Algunos histriónicos e histéricos. Otros que patentan consignas de dudosa consistencia. Algunos ególatras, desafiantes, ampulosos y quejosos. Otros que se ponen en roles de víctimas y emprenden insoportables batallas contra árbitros, rivales, periodistas y toda la claque de fantasmas. Hay fauna surtida en la selva.
Pero también está Sabella, que por suerte no es el único entre los que se corren de la escena. Valga puntualizar que los dos que jugarán el partido definitorio del torneo Clausura tienen técnicos que les sacan el mayor provecho a las virtudes de sus futbolistas sin por eso jactarse de haber inventado la pólvora. Y que sus tan ponderados logros no anclan en la bravuconada, el artilugio o la pirotecnia verbal. Angel Cappa y Ricardo Gareca no sólo hablan: dicen. Y la prédica les llega a los jugadores de Huracán y de Vélez. Como sucede también con el mensaje de Luis Zubeldía en un Lanús que peleó arriba en los dos últimos campeonatos locales.
¿Directores técnicos de moda? Esa calificación sería superficial. A ellos les alcanza con que les digan directores técnicos.