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UN HOBBIE CON FACETAS SOCIALES
Radioafición: una pasión mundial que desconoce todas las fronteras
Comunicarse con cualquier punto del mapa o la experimentación electrónica como forma de vida: deleite de millones.
POR MARIA DE LA PAZ GARCIA

"Esta pasión nació cuando yo era adolescente, tendría 16 años y la radio era toda una novedad. No había CDs y yo trataba de escuchar música. Entonces, buscando distintas radios escuché una emisión. Le pregunté a mi viejo qué era eso y me dijo: ''Pueden ser radioaficionados''. Eso me quedó en la cabeza y empecé a buscar dónde se nucleaban. Así conocí un Radio Club". La anécdota es de Gustavo Quiroga, un radioaficionado cordobés que hoy preside el Radio Club Alta Gracia.

¿Qué es un radioaficionado? El reglamento argentino lo define como la "persona debidamente autorizada que se interesa en la radiotecnia con carácter exclusivamente individual, sin fines de lucro y que realiza con su estación actividades de instrucción, de intercomunicación y estudios técnicos".

Una actividad que encuentra sus orígenes locales en los comienzos del siglo XX. Tal como cuenta Quiroga, a mediados de los ''90 había en Argentina 40 mil radioaficionados: hoy son 23 mil. Aunque las tecnologías de la comunicación avanzan, los radioaficionados disfrutan armando y perfeccionando ellos mismos sus equipos.

Sus adeptos rescatan lo maravilloso de poder comunicarse con todo el mundo, a un bajo costo. "Con un equipo de radio de alcance mundial, podés ir en auto mientras conversás con un japonés que habla español. Yo he hablado con la Antártida, con equipos y antenas que yo mismo construí. Por ejemplo, en los Cuerpos de Paz siempre hay algún radioaficionado. Y surgen amistades. Quizás hablás durante 3 años con alguien y luego viajás a conocerlo a él y su familia", dice Quiroga.

Es un placer que aparece en los momentos libres o fines de semana, pero también durante las vacaciones, porque el usuario se lleva su equipo de radio.

Carlos Beviglia, secretario del Radio Club Argentino, agrega "la satisfacción de sumar un lugar más a la colección de países contactados, recibir distinciones o de viajar muchos kilómetros a instalar un equipo para que otros pueden comunicar. Además tenemos un rol esencial en las tragedias: la radio es lo único que anda cuando todo deja de funcionar".

La radioafición es un hobbie de base científica regulado: cada radioaficionado debe tener su licencia para utilizar el espectro radioeléctrico. Y cada uno tiene una señal distintiva. Quiroga, por ejemplo, es LU4HB. LU corresponde a Argentina y la primer letra detrás del número marca la provincia. Capital Federal se identifica con las letras A, B o C, Provincia de Buenos Aires con D y E, y Córdoba, con la H.

"Somos una reserva mundial de comunicación. Se puede instalar un equipo en un globo aerostático o un barco. Pero, por sobre todo, es una forma de vida. El radioaficionado tiene un rol clave en la sociedad y es siempre un apasionado", define, con orgullo, Beviglia.
 
La historia de esta actividad
Los protagonistas de los inicios de la radioafición en Argentina fueron Luis Romero Carranza y César José Guerrico, dos aficionados a la radio que tenían sus propios aparatos y solían conversar a través del éter también con Enrique Susini y Miguel Mújica.
Como ellos, en el Buenos Aires de 1920 habría no más de medio centenar de radioaficionados.
Romero Carranza había colocado la antena de su transmisor en la azotea de su casa, en Libertad al 800, donde también tenía un gallinero. Pensaron que si el canto de los gallos podía oírse del otro lado, también podrían hacerlo con voces humanas.
Instalaron una antena elevada entre la torre del viejo teatro Coliseo (Charcas al 1.100) y el techo de un edificio de Charcas y Cerrito. El aparejo tenía 40 metros de largo y fue conectado a un rudimentario micrófono en el sector del paraíso de la sala. Al micrófono se le agregó una especie de bocina como la que tenían los fonógrafos de la época.
Los pocos poseedores de los aparatos de radio a galena escucharon alrededor de las 20:30 del 27 de agosto de 1920, la voz de Susini anunciando el festival sacro de Richard Wagner (Parsifal).
Fue tal el entusiasmo que los conciertos debieron repetirse en los días siguientes con las óperas Aída, Iris, Rigoletto y Manon.
En 1921 se fundó el Radio Club Argentino, el primero en América, y un año después la sociedad formada por Romero Carranza, Guerrico, Mújica y Susini trasladó su emisora a una firma de remates en Charcas y C. Pellegrini.
Hermanados en la radio
2,7
Millones de radioaficionados hay en todo el mundo. En la actualidad, la cantidad de radioaficionados en Argentina es de 23 mil.